Editorial Agosto | Mes de la solidaridad

 

Solidaridad, algo que recordamos en agosto mes en el que se festeja en homenaje a la Madre Teresa de Calcuta, quien fuera el mejor ejemplo en el siglo XX de lo que esto significa.

¿Es algo que naturalmente hacemos ser solidarios? Personalmente no lo creo. Es más, me asombra que otros animales inferiores se protejan, se cuiden, se defiendan, pero el hombre, que es ‘el ser superior’, no siempre reaccione con ésta actitud tan positiva y loable a menos que haya sido educado en éstos valores y con el ejemplo de sus mayores.

Según una encuesta del diario La Voz del Interior del 16 de julio, lo que menos se dona es el tiempo personal y posiblemente sea lo que más cuesta, porque el concepto de solidaridad sigue siendo, para muchos, dar aquello que me sobra.

Quizás lo que nos falta sea poner en conocimiento y en práctica algunas de las habilidades socioemocionales de las que hoy tanto se habla y que son consideradas indispensables en el mundo del trabajo y la empresa.

Empatía, que según la Organización Mundial de la Salud, es imaginar y sentir desde la perspectiva del otro. Esa es, quizás, la clave del cambio de actitud necesario.

Si yo miro al otro con esa perspectiva, el dolor, la ignorancia, la enfermedad o la carencia de bienes materiales o espirituales que tenga, la hago propia. No puedo ignorarlo ni dejar de apoyarlo.

No puedo pasar indiferente frente al que sufre, porque asumí su carencia y mi apoyo no puede ser solo material, ya que no todos tenemos bienes materiales para donar y a aquel que los tiene no le cuesta hacerlo. Pero a la generalidad de la población no le sobra ni tiempo ni dinero, pero todos podemos brindarnos para ayudar en algo.

Una mano tendida, una sonrisa, un momento para escuchar el problema que nos plantea el otro no tiene costo, solo lleva algo de tiempo y quien lo practica sabe lo bien que se siente, ya que el brindarse a otro es una ayuda a sí mismo.

El trabajo voluntario es una forma de demostrarnos que somos humanos y sensibles a distintas carencias de nuestros congéneres. La solidaridad se educa y se enseña, como todo, primero con el ejemplo.

La misma encuesta antes citada, dice que los jóvenes son los más solidarios, porque son más altruistas y capaces de ponerse en el lugar del otro. En ese idealismo propio de la edad, son capaces de gestos que admiramos los mayores. Dan sin esperar nada a cambio y ésa es la verdadera actitud de quién es naturalmente solidario. Solo necesitan una causa que los motive, algo que movilice y supere la indiferencia en la que nos movemos en tiempos de tanta vertiginosa actividad.

El otro me importa aunque no lo conozca, con la educación se toma conciencia de que la solidaridad, es una forma de sobrevivir a las contingencias que la vida nos va presentando.

En Córdoba hay casi 9.000 ONG’s registradas, lo que es un gran aliciente. Los temas que más interesan, sobre todo a los jóvenes, son medio ambiente, derechos humanos, animales y  salud.

Quizás si hubiese más organizaciones dedicadas a la educación o si trabajásemos coordinadamente con aquellas, se solucionarían muchos de los otros problemas que tenemos, ya que para mejorar la actitud de la población frente al cuidado del ambiente o de los derechos humanos o cualquiera de los otros problemas que nos aquejan, hace falta la educación.

Somos optimistas, siempre los hombres logramos superar nuestras propias falencias y en  esto tendremos éxito, aun que no se vea en lo inmediato.

Quienes trabajamos en ONG’s sabemos que siempre damos menos de lo que recibimos y eso ayuda en el diario vivir.

Luisa Ruiz Moreno

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